Aviso: esta receta viene con una reflexión. Si me sigues por las redes sociales, especialmente por instagram, sabrás que últimente estoy en una época muy reflexiva y que casi estoy compartiendo más textos que recetas. Imagino que se debe al ciclo vital que estoy viviendo. Así que desde aquí hoy, también te comparto una receta, acompañada de unos pensamientos. Espero que te guste la lectura y si no, siempre te quedará la receta :)
El otro día, en Madrid, divagaba con un amigo a cerca de la necesidad que tenemos los seres humanos, de etiquetarlo todo.
Lo cierto es que la raíz de la conversación venía de mi propia inquietud, pues le contaba que suelo paralizarme cuando alguien me pregunta a cerca de mi profesión. Tanto a nivel personal como profesional (tan íntimamente conectados en mi caso) me reconozco como una persona incapaz de encontrar una única etiqueta que la defina de forma global, precisa o lo que es aún peor: de por vida.
Y recuerdo claramente la primera vez que tuve que definirme (laboralmente) tras dar el paso de reconocer mi esencia y querer ofrecérsela al mundo. En aquel momento me encontré con una página en blanco que tenía que rellenar. Mi descripción. Quién era yo. Y ahora copio y pego lo que salió 4 años atrás y que al releerla, me he dado cuenta de que es la única verdad con la que sigo sintiéndome identificada:
(…) A día de hoy y gracias a la iniciativa de comenzar un blog, me declaro activista de la salud y el bienestar, entusiasta promotora de que una vida larga y vital es posible. No encuentro un término que me satisfaga ni me defina. No soy muy amiga de las etiquetas, ni de los extremismos. No me siento vegana, ni vegetariana, ni crudívora, ni mucho menos carnívora. Soy un ser elástico, moldeable, que cambia, se adapta y evoluciona a medida que aprende y se supera. Creo en la bio-individualidad de todas las personas y creo en el respeto (…)
Y retomando la actualidad, reconozco que hoy siento más viva aún, si cabe, mi incapacidad de definirme, pues a simple golpe de vista, es fácil reconocer que incluso las etiquetas que mejor me definen (especialmente en el ámbito esencial) son entre ellas contradictorias.
Personalmente siento que las etiquetas (me) encasillan, asfixian, ahogan, limitan y restan libertad. Las etiquetas son peligrosas, nos marcan y definen de una manera que nos la puede, muy fácilmente, jugar.
A título personal, me basta y sobra con saber que mi misión y mi compromiso en esta vida que estoy viviendo, es la de aportar con mi experiencia, mi granito de arena. Y con él, ayudar, si puedo, y a quién conecte conmigo, a inspirarse, a despertar, a iniciarse, a reconocerse, a sentirse, a vivir la vida, a amarse, a ser felices y a nutrirse en el más amplio de los sentidos.
Para eso he venido.
A mi me basta con saber que soy capaz de plantar pequeñas semillas en las personas que me leéis y así darles la posibilidad (a las semillas) de que las reguéis para hacerlas crecer. No hago nada más. Tan solo eso.
Más allá de la forma, pues la forma siempre se transforma, muta, se adapta y reinventa según las experiencias que vamos sumando.
Los seres humanos somos curiosos por naturaleza, y exploradores por condición. Al menos así me siento yo.
Así que ya no sé si soy cocinera, chef, profesora, emprendedora, activista, bloguera, influencer (que horror), guía, escritora, experta, o cualquiera de esas etiquetas que tanto parece que necesitamos poseer (o mejor dicho, que los demás necesitan de nosotros, para poder definirnos y así encasillarnos rápidamente).
Yo hoy soy más Elka que nunca. Mujer apasionada, dulce, sensata, centrada, salvaje, honesta, aniñada, sabia, torpe, alocada y todos los extremos y mitades a la vez.
Yo soy huesos, soy carne, soy dientes, soy ojos, soy manos, soy piel, soy barro, fuego, aire, mar y ceniza, pero ante todo y sobre todo, soy ALMA también. Y lo único que sé es que mi alma, mi esencia, mi yo verdadero es simple y llanamente amor. Igual que lo eres tu. Por que al final es de eso de lo que todos estamos hechos: AMOR.
Y ante algo de tan seria magnitud, siento que no necesito demostrarle a nadie, ni mucho menos mi misma, nada más.
Pues ese amor, el solito y sin necesidad de control, ya adquiere la forma de nuestras virtudes y de esa manera se expresa.
En mi caso, por ejemplo, cierto que la cocina saludable es una de mis formas de expresión, un don, quizás la que más domino a día de hoy y es por eso que se me reconoce pero… ¿soy por ello cocinera?¿profesora?¿experta? no, a mi cualquiera de estas etiquetas se me queda coja o incluso grande también.
Al menos así lo siento yo. Y me encantará saber que opinas de todo esto. ¿Es fácil para ti definirte?¿Te parece que encajas en una sola etiqueta?
Y mientras yo sigo meditando a cerca de mi condición, aquí te dejo una merienda a medio camino entre un batido y un helado que estoy segura de que te alegrará el corazón.
Espero que la hagas, la disfrutes y la compartas.
La creé hace unas semanas, estando en Menorca, pensando en vosotras/os y en vuestras familias y yo la disfruté una tarde que andaba necesitada un poco de ese tipo de amor.
A mi me encantó. Espero que te guste también (y muy especialmente a tus hijos, si es que los tienes) y sobre todo que la disfrutes con esa conciencia, placer y bono extra de regalo que provoca saber que mientras te das un capricho de tal magnitud estás también nutriendo tus células. Porque en esta receta, y a diferencia de cualquier otro capricho empaquetado, todos los ingredientes son también alimentos, es decir, que éstos nos nutren y nos alimentan.
Como anotación decir que las semillas chía son opcionales en esta receta, sin embargo son nutricionalmente muy interesantes, pues aportan antioxidantes, proteína de primera calidad y ácidos grasos omega 3 (de propiedades antiinflamatorias) y especialmente interesante a tener en cuenta si vuestra alimentación es vegana o vegetariana.
Si eres de las pocas personas que imagino que habrán leído hasta aquí, quiero decirte que esta receta viene con un regalazo incorporado, y es el crumble de avena. Este crumble, atención porque se hace en tan solo 20 minutos y es lo mejor de lo mejor. El comodín más infalible si quieres alegrar un postre, un smoothie, un helado, un vaso de leche de almendra o cualquier cosa que se te ocurra. Es el gancho con el que puedes conquistar a tu pareja o a tus hijos o incluso a ti misma para tomarte este batido verde por la mañana. Así que no se te ocurra dejar de probarlo y si lo haces, por favor, no dejes de compartir conmigo como ha resultado.
Por cierto, aprovecho para comentarte que para hacer este tipo de recetas es ideal tener una buena batidora. Ello no significa tener que gastar un dineral, a día de hoy hay opciones que ofrencen un resultado impecable a precios amigables, esta es la más barata que hay y una súper favorita mia (con ella hice todo mi ebook de helados), perfecta para iniciados, sin necesidad de invertir un dineral. Y esta otra es mucho más completa (aunque el resultado final es el mismo) pero al venir con jarra pequeña nos permite hacer mantecas, salsas, picadas e incluso calentarnos un matcha latte (por ejemplo) sin necesidad de encender el fuego.
Si te interesa alguna, puedes utilizar el código LALAKITCHEN para tener un descuento. Yo te puedo asegurar que si alimentarte de forma saludable es una prioridad no te arrepentirás la compra.
SUMMER CHIA CHOCOLATE DREAM
Cantidad: 2 – 3 personas
Preparación: 15 minutos
Utensilios: batidora
Conservación: congelador
Ingredientes helado
100 ml de leche de almendra casera (u otra vegetal)
2 C de semillas chía
1 – 2 dátiles Medjool
¼ T de cacao crudo en polvo (ajustar al gusto)
2 o 3 plátanos congelados
ingredientes crumble
½ T de copos de avena s/g
½ T de harina de arroz
2 – 3 C de azúcar de coco
¼ c de vainilla en polvo
¼ T de aceite de coco derretido
una pizca de sal
Ingredientes salsa chocolate
2 C de aceite de coco
2 C de cacao crudo en polvo
1 C de sirope de arce, agave crudo u otro endulzante líquido
extra: avellanas tostadas
Preparación
1. Para hacer la crema helada pon en la batidora la leche, la chía, y los medjool y bate, cuando tengas una crema, añade el cacao y bate de nuevo. Por último añade los plátanos y bate hasta obtener una crema (una batidora con pistón ayudará mucho!). Reserva en el congelador hasta servir.
2. Para hacer el crumble de avena primero precalienta el horno a unos 180 °C.
3. Pon todos los ingredientes en una batidora o similar y tritura hasta que se haga polvo. Pon en un bol y añade el aceite de coco, mezcla hasta que sea un crumble. Si falta humedad puedes añadir 1 C más de aceite o agua. Coloca sobre una bandeja de horno protegida e introduce en el horno 10 – 15 minutos o hasta que se dore ligeramente (dale una vuelta a mitad de tiempo). Retira y reserva
Por cierto, si utilizas harina de avena en vez de copos, pon los ingredientes secos directamente en un bol, mézclalos y por último añade el aceite.
4. Para hacer la salsa de chocolate, prepara un baño maría y pon a derretir el aceite, luego añade el cacao y el endulzante, mezcla bien. Reserva hasta servir.
5. Sirve la crema helada con el crumble, un poco de salsa de chocolate y unas avellanas tostadas.





Te leo y es que me das paz… te imagino saltando, riendo, paseando. Totalmente de acuerdo contigo eres eso y mucho más. Gracias preciosa.
Gemma! jajaja, bella! me encanta que me imagines así, porque esa soy yo :) un abrazo inmenso! elka
Genial tu reflexión Elka!!!, hay momentos en mi vida que necesito escuchar alguna conferencia de Sergi Torres, o Emilio Carrillo, u otra persona que te hace ver que hay que vivir el presente, que no importa nada lo que ocurra ni como te sientas porque tienes que vivir ese momento…solo sentir lo que ocurre y disfrutarlo!!!… al leer tu texto he sentido lo mismo, soy yo tal como soy, en lo que me he convertido con la vida que he tenido y cuanto mas te das cuenta y mas te quieres como eres mas fácil es saber QUIEN ERES realmente!!! y por supuesto saber explicarlo como lo has hecho tu en este texto.
Gracias linda!!!
Lola
Fantástico el texto y con las recetas q ya he preparado tuyas,seguro que el helado sera buenísimo también!
Pero que preciosa, gracias inmensas Lola! y cómo me alegra leerte y saber que te quieres tal y como eres, con todo el paquete :)
Un abrazo inmenso,
elka
Hola Marias, muchas gracias!! si… tienes que probarla, es muy muy rica :) un abrazo! elka
Lalita, muchas gracias por expresarte desde la sinceridad más limpia, de manos con tu niña y todas tus fases cíclicas.
La reflexión me resulta balsámica y me alegra leer que las etiquetas no son trajes para todas. También me sacudo y desde que me di cuenta que no tenía que dar explicaciones, sino sumergirme en mi «caos» creativo y disfrutarlo, pues con mucho gusto.
Cuando me decían «pero defínete» me parece tan absurdo que ni resuena, me quedo ajena. Al principio me daba angustia no poder contestar, pero me di cuenta que sí podía solo que no lo que se esperaba. Respetando mi sentir y teniendo en cuenta los cambios como constante de vida, pues eso, estar en el día a día. Es lo que digo cuando me preguntan ¿a qué te dedicas?: estar en el día a día y en las pequeñas cosas… me miran como no se qué. Pero no cotizas? digo no, cotizo en lo personal : )
Michas gracias una vez más por los mimos creados con cariño y mucho gusto. probaré el crumble, que sepas que ya me hago el muesli desde que lo vi en las recetas de diciembre.
Gracias Elka por ser tú misma, mostrarte vulnerable cuando lo sientes y seguir refrescando con nutriciones a todos los niveles*
Besote y gratitud*
Elisabeth
Hola Elka, me encanta tu definición y la reflexión de las etiquetas, me siento especialmente identificada porque en este momento no soy vegana, ni vegetariana, ni activista, sólo estoy en un proceso para sentirme bien conmigo misma.
Me identifico plenamente contigo en la dificultad de definirme, me quedo en blanco. Me ha encantado leerte (hasta el final) y me ha parecido corto, desde hoy me convierto en asidua.
Gracias por compartir.